De la palabra de honor…. a la de horror

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Haciendo un análisis y reflexión sobre lo
que está viviendo México en relación
con los políticos y sus diversas promesas
de campaña o simplemente de administración
como:
• Ya no subirá más ni la gasolina ni la luz.
• Resolveremos el caso Ayotzinapa y daremos con
los responsables.
• El peso está estable y fuerte.
• Voy a pedir licencia de gobernador para enfrentar
mis acusaciones sin huir.
• Si atrapamos al Chapo, también vamos a atrapar
a Duarte.
• En la CDMX no existen bandas criminales.
• Todos los responsables del fraude de la Línea 12
serán castigados.
• 100% de los priístas son honestos.
• Guerrero, Tamaulipas y Michoacán
están controlados.
• No cederemos ante los maestros de la CNTE.
• Los maestros que incumplan serán despedidos.
• Mi administración fue transparente y honesta.
• Los recursos de la delegación se utilizaron para el
bienestar de la comunidad.
Y una bola inmensa más de mentiras y corruptelas,
traigo a línea la siguiente reflexión:
En el año de 1892 murió don Carlos Fuero. Una calle
en la ciudad de Chihuahua, Saltillo y Parral, llevan su
nombre y la historia es digna de ser conocida por ustedes,
mis queridos amigos.
A la caída de la ciudad de Querétaro, quedó prisionero
de los “Juaristas” el general don Severo del Castillo,
jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado
a muerte y su custodia se encomendó al coronel Carlos
Fuero. Durante la víspera de la ejecución del general don
Severo del Castillo, dormía el coronel Fuero, cuando su
asistente lo despertó.
El general del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él.
Fuero se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda
del condenado a muerte, no olvidaba que don Severo del
Castillo había sido amigo de su padre.

Carlos —le dijo el general—, perdona que te
haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan
unas cuantas horas de vida y necesito que me hagas
un favor: quiero confesarme y hacer mi testamento.
Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado
José María Vázquez.
— Mi general —respondió el Coronel Fuero—,
no creo que sea necesario que vengan esos señores.