Resumen 2017: El TLCAN y la política industrial mexicana

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Revisión del TLCAN, oportunidad para replantear la política industrial de México

Debido a los nuevos tiempos, en los próximos meses será obligatorio definir el rumbo del sector para las siguientes décadas.

México tiene una gran oportunidad para avanzar y replantear de una vez por todas— un tema en el que existen muchas lagunas desde hace varios años: su política industrial. De hecho, queda la duda de si existe una auténtica política industrial en nuestro país, o si acaso todavía vivimos como en décadas pasadas, cuando la sustitución de importaciones dio al traste con la industrialización. Algo pasó, es evidente, por eso es que la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) quizá es una oportunidad histórica que debería aprovecharse para replantear el tema y fijar de una vez por todas un auténtico plan de desarrollo industrial en el nuevo milenio.

¿Por qué México no es una economía industrializada?

México paga los platos rotos de políticas económicas erráticas de otras épocas, errores del pasado; sus orígenes se remontan varios años atrás, cuando incluso algunas de las generaciones actuales todavía no aparecían sobre la faz del país. Sus efectos perniciosos se resienten hasta la fecha. El país estaba en vías de iniciar un proceso de industrialización a mediados de la década de los años setenta del siglo pasado, las condiciones necesarias existían debido a su economía petrolizada que le proporcionaba los recursos indispensables. Sin embargo, estos fondos fueron destinados, entre otras cosas, a gasto corriente y mucho se perdió en quién sabe qué manos; la economía mexicana empezó a endeudarse en exceso ante acreedores internacionales.

80% de las exportaciones todavía se destinan al mercado de EU

Fue así como las exigencias de los acreedores monetarios obligaron a México, junto con otras naciones, a abandonar las políticas y el proceso de industrialización. A cambio se implantó un modelo de sustitución de importaciones, es decir, el país se volvió importador de productos y bienes que en su momento pudo fabricar para el consumo local y la exportación. Años más tarde, el proceso de desindustrialización ya estaba en marcha y fue entonces cuando se acuña esa famosa, lamentable y lapidaria frase política: «La mejor política industrial es la que no existe», con eso se sentenció el atraso industrial de México y un fuerte daño a su economía, que hasta la fecha padecemos.

No era una frase gratuita o dicha al aire, era lo que en ese momento sucedía en el país y bajo las circunstancias en las que se desempeñaba nuestra economía. El primer gran error fue endeudarse demasiado, la consecuencia inmediata fue cancelar obligadamente el incipiente proceso de industrialización del país y abrir indiscriminadamente los mercados mexicanos. Otro buen pretexto para no implementar una política industrial es nuestro país fue el de disminuir al mínimo la participación del Estado en la rectoría económica; un gobierno menos participativo permitiría a los mercados desarrollarse con mayor rapidez y generosidad, impulsando de manera automática a la economía, teóricamente hablando.

Sin embargo, la realidad fue otra, las distorsiones de la economía no pudieron erradicarse, por el contrario, se hicieron más profundas. México no es un país industrializado por tres razones:

  1. La principal consiste en que nunca hemos contado con una auténtica política industrial, solamente esbozos de lo que debemos y/o podemos hacer. La política industrial de México se limita a estímulos para algunas industrias y sectores, pero no se ha diseñado una estrategia que abarque desde la formación académica hasta el desarrollo de áreas prioritarias.
  2. No se puede ser bueno en todo, al menos como país no es posible. México no se ha concentrado en la implementación de políticas industriales que busquen impulsar sus ventajas. Con una política errática, poco podemos hacer en materia de competencia frente a naciones que llevan décadas estudiando y fomentando sus propias fortalezas.
  3. Hay eternos contrastes en el país que nos llevan a otro factor que parece no tener fin, el de los dos Méxicos; solamente en años recientes, con el reconocimiento y aparente estímulo de las zonas económicas, se han tomado cartas en un asunto que lleva décadas e impide un desarrollo homogéneo. No es posible hablar de desarrollo y de política industrial con un México que vive en el atraso y otro que más o menos se ha desempeñado favorablemente.

Para lograr un repunte industrial es necesario fijar estrategias, que hasta hace algunos años ni siquiera aparecían en el mapa de las prioridades de nuestro país. Algo similar a lo que hicieron en su momento las naciones asiáticas, varias de las cuales pasaron en unas décadas de ser economías predominantemente rurales a industrializadas

¿Por qué tigres asiáticos sí pudieron?

Los tigres asiáticos y China sí pudieron industrializar sus economías porque hicieron exactamente lo contrario a lo que hace México. Los tres puntos mencionados arriba se registraron en esos países, pero al revés: Por principio de cuentas diseñaron una estrategia de política industrial, fijaron objetivos claros y un tiempo determinado para lograrlos. Inmediatamente identificaron sus ventajas comparativas y competitivas, y determinaron en qué eran buenos y cuáles eran sus capacidades y limitantes, para así concentrarse en donde podrían destacar e impulsar a su economía lo más posible.

“La política industrial de México está basada en la apertura comercial» –Enrique Peña Nieto, Presidente de México

Al mismo tiempo trataron de ser inclusivos, la economía rural de su país debía beneficiarse de su economía industrial y viceversa, no eran dos naciones distintas sino una sola con varias características. Fusionar o integrar lo más posible las dos economías de una nación fue un factor determinante en el caso de los tigres asiáticos, con todo y los rezagos que existen en esas naciones, en donde sus sociedades rurales tienen altos niveles de atraso.

La oportunidad

Redefinir una auténtica política industrial no será fácil, sobre todo considerando que en los próximos años habrá incertidumbre económica y financiera. Pasa el tiempo y México ni siquiera se atreve a empezar, es potestad y obligación de la Secretaría de Economía iniciar las tareas para llevar al país a un mayor desarrollo industrial y por lo tanto económico. Si bien la Reforma Energética podría ser uno de los primeros pasos que se dan al respecto, también es un hecho que hacen falta muchos más; la industrialización de las economías asiáticas requirió décadas, fueron procesos paulatinos antes de llegar al gran objetivo.

315% aumentaron los ingresos por exportaciones en los primeros tres años de la apertura tras la firma del TLCAN

Más aún, en estos tiempos hacer política industrial implica un costo mayor por el aspecto tecnológico y estos montos tienen que salir de inversiones públicas y privadas iniciales. Hacer política industrial implica hacer tecnología y también crear infraestructura, toda una serie de procesos que no se entienden uno sin el otro, empezando por donde se debe iniciar, el paso número Uno. Entonces, la revisión del TLCAN es una oportunidad histórica que debemos aprovechar para replantear nuestra política industrial de una vez por todas, no podemos seguir engañándonos ni pensar que no sucede nada, la realidad es que no hemos hecho nuestra tarea como debe ser.

Hoy día ya no aplica la frase lapidaria señalada líneas arriba, estamos en un momento cuando la mejor política industrial debe ser la que fijemos en los próximos meses, pero con una visión a muy largo plazo y con objetivos claros. En los siguientes meses, la mejor política industrial será la que sí existe y pueda ser mejorada con el paso de los años para adaptarla a las condiciones de los mercados nacionales y globales.

Antonio Sandoval

Artículo publicado en la edición 61 de Global Industries:

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