La relación económica entre México y Japón ha alcanzado una madurez significativa en este inicio de 2026, consolidándose como un eje estratégico para la manufactura avanzada en el país. Al cierre del tercer trimestre de 2025, el flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) proveniente de la nación asiática sumó 2,900 millones de dólares.
Lo más relevante de este comportamiento financiero es que el 107% de dicho capital correspondió a la reinversión de utilidades, un indicador claro de que las corporaciones japonesas ya establecidas han optado por expandir sus capacidades de producción y fortalecer sus operaciones de largo plazo en territorio mexicano.
Geográficamente, la inversión se ha concentrado de manera contundente en la región del Bajío y la zona fronteriza, donde la infraestructura logística facilita la integración con las cadenas de valor de Norteamérica. El estado de Aguascalientes lidera la recepción de capital con un 32% del total, equivalente a 481.4 millones de dólares, seguido de cerca por Guanajuato con el 29% y Baja California con un flujo de 353.2 millones de dólares.
Esta distribución resalta la especialización de estos estados en sectores de alto valor agregado, donde las firmas japonesas representan actualmente el 5.3% de las empresas con inversión extranjera reportada en el país.
El entorno macroeconómico de 2026 también ha jugado un papel determinante en el atractivo del país. Con una reducción en la tasa de referencia que la sitúa en un 7%, se han generado condiciones más favorables para el financiamiento de proyectos industriales. Además, la solidez del mercado inmobiliario industrial, que ostenta un inventario superior a los 110 millones de metros cuadrados, proporciona la base física necesaria para que la industria manufacturera y la construcción sigan absorbiendo nuevos proyectos de expansión, asegurando que México permanezca como el destino predilecto para el capital japonés en América Latina.






