En un esfuerzo por consolidar la soberanía tecnológica y aprovechar la reconfiguración de las cadenas de valor globales, el Gobierno de México y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han presentado el informe técnico “Promoting the Growth of the Semiconductor Ecosystem in Mexico”.
Este documento, el primer estudio sectorial de la OCDE sobre el país en más de una década, establece un diagnóstico profundo sobre las capacidades nacionales en diseño, ensamble, prueba y empaquetado (ATP) de componentes electrónicos. Durante el acto, encabezado por el subsecretario de Industria y Comercio, Vidal Llerenas, y el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, se destacó que México posee ventajas competitivas críticas, como su cercanía con el mercado estadounidense y una fuerza laboral con experiencia técnica acumulada.
El reporte identifica sectores tractores como la industria automotriz, la electrónica de consumo y los centros de datos como los principales dinamizadores que pueden detonar encadenamientos productivos de alto valor agregado.
Para capitalizar estas oportunidades en este 2026, la OCDE recomienda una serie de políticas industriales centradas en la modernización de la infraestructura y la simplificación administrativa.
Entre los puntos clave destaca la creación de una ventanilla única digital para inversiones en semiconductores y el impulso a la formación dual en áreas STEM, con especial énfasis en elevar el dominio del idioma inglés y la participación femenina en la alta tecnología, asegurando así un flujo constante de talento calificado para las empresas del sector.
Desde la perspectiva macroeconómica, el estudio subraya la resiliencia exportadora de México ante el complejo escenario arancelario global. El subsecretario Llerenas adelantó que se trabaja en un policy review para identificar vocaciones productivas en sectores como Pharma, el eléctrico y el de semiconductores, buscando una reconfiguración que permita una integración más profunda con América del Norte.
Este plan estratégico, respaldado financieramente por el Departamento de Estado de los EE. UU., no solo busca atraer inversión extranjera directa, sino incentivar la comercialización de la investigación local mediante ajustes en los esquemas de propiedad intelectual, posicionando a México como un nodo resiliente y sofisticado dentro de la economía digital del futuro.






