Rerison Otoni, Director de Manufactura Inteligente de Stefanini Group
La minería mexicana atraviesa un momento particularmente relevante. El valor de la producción minero-metalúrgica alcanzó en 2025 un máximo histórico de 379,290.5 millones de pesos, 21.2% más que un año antes, de acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX). Sin embargo, existe un dato que considero todavía más importante: el volumen físico de producción permaneció prácticamente estable.
Esta combinación plantea una pregunta que la industria tendrá que responder: En un escenario donde aumentar el volumen enfrenta límites físicos y operativos, ¿cómo puede la industria generar más valor a partir de los activos y recursos que ya tiene?
La respuesta pasa, en buena medida, por hacer más inteligente la operación.
Esta fue una de las principales conclusiones del panel “The Intelligent Mine: Operational Excellence Through AI, Automation and Real-Time Data”, realizado durante el México Mining Forum 2026, en el que tuve la oportunidad de participar junto con especialistas y representantes de la industria minera.
Una de las conclusiones que considero más relevantes es que la transformación de una mina no depende únicamente de incorporar inteligencia artificial, automatización o sensores El verdadero reto consiste en lograr que estas tecnologías se traduzcan en productividad, seguridad, eficiencia y mejores decisiones operativas.
El desafío ya no es tener más datos
Las operaciones mineras generan enormes cantidades de información a través de maquinaria, sensores, sistemas de producción, mantenimiento, seguridad y monitoreo ambiental. El problema ya no es necesariamente la falta de datos, sino convertirlos en decisiones.
Una operación puede contar con miles de puntos de información y, aun así, tomar decisiones con información fragmentada o con datos que llegan cuando el evento ya ocurrió.
Aquí la inteligencia artificial y la analítica avanzada pueden cambiar las reglas. Al integrar información de diferentes procesos, estas tecnologías permiten identificar patrones, detectar anomalías y generar alertas que ayudan a los equipos a anticiparse a determinados eventos.
Pero existe una condición: la tecnología debe resolver un problema concreto del negocio.
Si el objetivo es reducir tiempos de mantenimiento, mejorar la disponibilidad de los equipos, disminuir riesgos para los trabajadores o hacer más eficiente el consumo energético, la tecnología debe diseñarse alrededor de ese objetivo y no al revés.
La autonomía exige conectar el mundo digital con el físico.
Otro punto relevante es entender que la automatización no ocurre en un vacío digital: para generar resultados, las capacidades tecnológicas deben integrarse con las condiciones reales de la operación.
Una planta puede incorporar sistemas capaces de ejecutar determinados procesos de manera autónoma, pero los equipos físicos tienen una vida útil, requieren mantenimiento y están sujetos a condiciones que ningún algoritmo puede eliminar. Por ello, hablar de “autonomía total” como un objetivo exclusivamente tecnológico puede resultar engañoso.
La autonomía real requiere infraestructura preparada, mantenimiento adecuado, conectividad confiable, procesos rediseñados y personas capaces de intervenir cuando las condiciones se alejan de lo previsto. Esto también modifica el papel del talento.
La mina inteligente no elimina la experiencia humana, la potencia
El reto será contar con profesionales capaces de interpretar grandes volúmenes de información, cuestionar los resultados de los modelos y utilizar la tecnología para tomar decisiones con mayor velocidad y precisión.
El verdadero indicador será la productividad
La coyuntura actual hace especialmente relevante esta discusión. CAMIMEX reporta que las exportaciones minero-metalúrgicas mexicanas alcanzaron 30,642 millones de dólares en 2025, mientras que las contribuciones fiscales del sector llegaron a 78,135.9 millones de pesos, 72.3% más que en 2024. La minería aportó además 2.93% del PIB nacional y 9.57% del PIB industrial.
Son cifras que muestran el peso económico de la actividad, pero también elevan la exigencia sobre su competitividad.
Cuando el crecimiento del valor de la producción está acompañado por un volumen físico prácticamente estable, la eficiencia adquiere una relevancia estratégica.
La pregunta deja entonces de ser cuánta tecnología utiliza una compañía y pasa a ser cuánto valor adicional consigue generar con los activos, las personas y los recursos que ya tiene.
Ahí es donde la IA, la automatización y los datos en tiempo real pueden tener su mayor impacto.
De proyectos piloto a resultados reales
La industria minera ya ha experimentado con múltiples tecnologías. El siguiente desafío es llevar esas iniciativas de proyectos piloto a aplicaciones capaces de generar resultados sostenibles a escala.
En Stefanini Group hemos comprobado que el impacto aparece cuando la tecnología se aplica a problemas operativos concretos. En un proyecto de monitoreo ambiental para una empresa de recursos naturales y minería, la combinación de IoT e inteligencia artificial permitió reducir 27% las visitas de campo de los operadores, mediante información en tiempo real y alertas inteligentes.
El resultado no provino simplemente de instalar sensores o utilizar inteligencia artificial. Provino de rediseñar un proceso operativo a partir de los datos. Ese es, en mi opinión, el verdadero significado de una mina inteligente.
México tiene una oportunidad
México cuenta con una industria minera de gran relevancia económica y con una posición estratégica frente a la creciente demanda internacional de minerales. CAMIMEX señala que el sector aporta insumos a 192 cadenas productivas, entre ellas manufactura, electromovilidad, energías limpias e infraestructura tecnológica.
El desafío será aprovechar esta posición para construir operaciones más productivas, seguras y eficientes. La inteligencia artificial no resolverá por sí sola los problemas de la minería. Tampoco lo harán la automatización o los datos. La verdadera oportunidad aparece cuando las tres capacidades se integran con infraestructura, procesos y talento.
Por eso, la mina inteligente no debería definirse por la cantidad de tecnología instalada, sino por su capacidad para ver antes, entender mejor y actuar más rápido.
En una industria donde aumentar el volumen de producción enfrenta límites físicos y operativos, esa capacidad puede convertirse en una de las principales fuentes de competitividad para la minería mexicana.






