Por Claudio Martinelli, director general para Américas en Kaspersky
En un ecosistema económico cimentado sobre la interdependencia, la cadena de suministro actúa como la arteria principal del comercio. Hoy, el sector de transporte y logística atraviesa una transformación significativa, impulsada por la promesa de la visibilidad en tiempo real y la eficiencia operativa. Actualmente, menos del 5% de las organizaciones del sector operan de manera completamente digital, pero un 68% proyecta alcanzar la digitalización total en los próximos dos años, según datos de Kaspersky. Sin embargo, esta hiperconectividad expande exponencialmente la superficie de ataque a través de los sistemas ciberfísicos (CPS), convirtiendo el riesgo cibernético en una amenaza directa a la continuidad operativa y la estabilidad económica global.
Para las mesas directivas, esto plantea una profunda paradoja estratégica. No es casualidad que las preocupaciones sobre ciberseguridad sean citadas por el 36% de las empresas como la barrera más importante para adoptar tecnologías digitales. No obstante, una mirada analítica revela un cambio de paradigma fascinante en la mente de los tomadores de decisiones: si bien el 31% invierte en digitalización para mejorar el rendimiento de la red, un revelador 27% lo hace explícitamente para construir ciberresiliencia. Los líderes de la industria están comprendiendo que la seguridad ha dejado de ser un freno operativo para convertirse en el prerrequisito innegociable de la modernización.
El verdadero desafío para asegurar esta transformación no es exclusivamente tecnológico, sino profundamente organizacional y humano. El sector opera bajo un complejo mosaico de autoridades, proveedores y operadores, en donde la coordinación sigue siendo un obstáculo mayúsculo.
Internamente, las brechas son aún más críticas. Mantener actualizados los sistemas de tecnología operativa (OT) es una pesadilla logística para el 48% de las empresas, una crisis que es agravada por la escasez de talento especializado, señalada por el 36% de los encuestados. A esto se suma una peligrosa desalineación de la administración: el 54% de la gestión de políticas de seguridad recae en los equipos de Tecnologías de la Información (TI), frente a un escaso 12% liderado por OT. Cuando TI prioriza la confidencialidad de los datos y las operaciones exigen un tiempo de actividad ininterrumpido, la falta de un lenguaje de riesgo compartido deja a los entornos de campo en una vulnerabilidad absoluta.
Las consecuencias de esta desconexión son tangibles y financieramente devastadoras. En la actualidad, el 68% de las organizaciones reporta que los incidentes cibernéticos han provocado impactos financieros medibles, con más del 40% estimando daños superiores a 1 millón de dólares por evento. Y el costo real va mucho más allá del balance general. La interrupción operativa promedio tras un ataque puede alcanzar las 12 horas. En una red logística estrechamente interconectada, esto no equivale a un simple retraso de doce horas para un envío; significa una congestión en cascada, conexiones perdidas y una ventana de recuperación que puede paralizar las cadenas de suministro durante semanas.
Ante este panorama, las organizaciones de transporte y logística deben asumir que la protección de sus sistemas ciberfísicos es un componente estratégico del negocio y no una responsabilidad aislada del área de TI. La resiliencia operativa requiere una visión integral que considere la continuidad de las operaciones, la seguridad física y la capacidad de identificar anomalías antes de que se conviertan en incidentes con impacto real. Al mismo tiempo, resulta fundamental contar con aliados especializados que aporten tecnología, experiencia y soporte capaces de responder a las exigencias de entornos críticos que operan de forma permanente.
La cadena de suministro es como un condominio integrado por casas particulares: cada casa es responsable de la seguridad de toda la comunidad, por ejemplo, una fuga de gas, pone en riesgo a todos. Lo mismo ocurre en los ecosistemas industriales actuales, donde proveedores, operadores y socios comerciales están cada vez más interconectados. Una vulnerabilidad en cualquiera de estos actores puede propagarse rápidamente y afectar operaciones críticas a lo largo de toda la cadena. Por eso, en una industria donde cada minuto de interrupción puede traducirse en pérdidas económicas, afectaciones operativas e incluso riesgos para la seguridad, construir organizaciones más resilientes y preparadas frente a las amenazas digitales ya no es solo una medida preventiva: es la ventaja competitiva que definirá a los líderes del mañana.






