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martes, abril 28, 2026
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Tecnología y lugares de trabajo seguros en América Latina

Por Arnaldo Lovera, director de Canales México en Motorola Solutions

Reflexionar sobre la seguridad y la salud en el trabajo es esencial para cualquier industria que busque sostener su productividad y eficiencia. Proteger a las personas no solo es una responsabilidad ética, sino un pilar estratégico para el desarrollo sostenible de las empresas en América Latina.

Las industrias latinoamericanas, en particular, además de los incidentes laborales, enfrentan continuos desafíos de seguridad y el impacto de los desastres naturales. Anticipar todos estos escenarios no es una tarea fácil para las organizaciones que no pueden detenerse, por lo que han comenzado a priorizar herramientas para proteger a sus trabajadores, no solo por cumplimiento normativo, sino como algo esencial para proteger su capital humano.

Muchas empresas en industrias como el comercio minorista, el transporte, la logística y el turismo, y especialmente en industrias críticas como la minería, el petróleo y los servicios públicos, están adoptando un nuevo enfoque y un cambio cultural en donde la seguridad de los trabajadores está intrínsecamente relacionada con la estrategia empresarial, y la tecnología juega un papel clave para garantizar esa continuidad y la tan necesaria competitividad.

Como contexto, la industria manufacturera contribuye con una porción significativa al producto interno bruto regional y emplea a una parte considerable de la población activa, contribuyendo al desarrollo económico regional. Sin embargo, los riesgos laborales siguen siendo un desafío importante.

Industrias como la construcción, la agricultura, la minería y las actividades de extracción de recursos naturales, la industria energética y la pesca se encuentran entre los sectores con las tasas más altas de accidentes laborales. Particularmente en la minería, los indicadores de mortalidad corresponden a 6.9 muertes por cada 100,000 trabajadores.

Algunos países latinoamericanos ya han reducido significativamente sus tasas de accidentes con la ayuda de tecnología de seguridad. En Chile, por ejemplo, la tasa de accidentes mineros ha disminuido en un 62% en las últimas décadas, y el número de muertes pasó de 45 en 2010 a 11 en 2024, según el Servicio Nacional de Geología y Minería. En Perú, la implementación de regulaciones más estrictas y el uso de tecnología avanzada han contribuido a mejorar la seguridad en las operaciones extractivas, reportando 17 muertes en 2024, la cifra más baja desde 1970.

Para continuar este camino en donde las personas y los lugares de trabajo son el centro de las actividades económicas, la innovación tecnológica debe continuar con un enfoque en la seguridad, la ergonomía y la prevención. La tecnología puede ayudarnos a detectar que se cumplen los estándares y a dar advertencias en tiempo real cuando alguien o algo se desvía de lo que es normal y establecido para la seguridad en el lugar de trabajo.

Desde comunicaciones claras entre dispositivos en lugares críticos, wearables con capacidades de IoT industrial, dispositivos de video móviles para asistencia remota y evidencia, accesorios ergonómicos, sensores de emergencia, control de acceso con biometría, drones y robots para tareas de alto riesgo; estas tecnologías ayudan a proteger a los trabajadores y al mismo tiempo permiten a las empresas tomar mejores decisiones y respuestas efectivas en situaciones de emergencia para evitar la escalada de riesgos aún mayores que sean una amenaza para su permanencia.

¿Inversión o gasto en seguridad? Un cambio de mentalidad.

La adopción de tecnologías avanzadas que apoyan a los trabajadores en sus tareas, junto con la evaluación constante de los riesgos y la promoción de una cultura de seguridad, es clave para mejorar la protección de los trabajadores y la continuidad operativa de las empresas e industrias en América Latina.

Sin duda, todavía existen importantes barreras como la brecha digital, el empleo informal e incluso la falta de conciencia sobre la importancia de un entorno de trabajo seguro o la resistencia al cambio. Sin embargo, las inversiones en un entorno de trabajo seguro han demostrado que no solo protegen vidas, sino que mejoran la calidad de vida laboral, reducen el absentismo, fomentan un mayor compromiso con la empresa y optimizan la productividad y la sostenibilidad de la industria en la región.

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